Los espacios liminales ganaron popularidad en 2019 cuando un pequeño creepypasta publicado en 4chan se volvió viral. Para quién no lo conozca, la fotografía mostraba un pasillo con alfombras amarillas y papel tapizado, con una leyenda que decía: «saliendo de los límites en la vida real». Según el diccionario Merriam-Webster, lo liminal se define como “relativo a, o situado en un umbral sensorial: apenas perceptible o capaz de provocar una respuesta”. Es entonces la percepción del umbral o del lugar de transición aquella que genera una sensación de extrañeza, incomodidad o desconexión las que marcan ese rito de paso, esa atmósfera de vacío y abandono inquietante. Sin embargo, el concepto es usado desde el año 1909, cuando el antropólogo Arnold van Gennep habló sobre los ritos de paso en su libro Les Rites de Passage, donde describió un estado intermedio (la fase liminal) entre la separación de un estado anterior y la reincorporación a uno nuevo.
Podemos considerar entonces estos ominosos espacios liminales como lugares en los que no se debe permanecer, que solo son de paso, que nos llevan de un lugar a otro. El fenómeno subcultural, que a día de hoy cuenta con subreddit(s) especializados como /r/LiminalSpace, r/creepypasta, r/backrooms o una cuenta conocida de Twitter (nunca llamado X) llamada @Argenliminal, han extendido el concepto en forma de fotografías, cortos y fan fiction que no hacen más que dilatar el fenómeno. Sin embargo, si tenemos que marcar un punto de inflexión, podemos limitar el nacimiento concreto de los backrooms a 2019 con el cortometraje de Kane Parson The Backrooms (Found Footage), definiendo de alguna forma esos espacios liminales a los que se accede sin salir de la realidad. Una especie de lugar infinito y vacío, con paletas de colores amarillentos y con una iluminación fluorescente que zumba a máxima potencia. Laberintos de oficinas o pasillos de color amarillo que generan una profunda sensación de angustia y soledad.
El motivo por el que este tipo de fotografía y lugares nos inquieta se atribuye a varias cosas, especialmente arquitectónicas y psicológicas. La imposibilidad de salir, la iluminación deficiente, la ausencia del exterior, los muros tapizados y el suelo alfombrado responden al funcionalismo y racionalismo arquitectónico de la mitad del siglo XX que se intento instituir en todo el mundo. Edificaciones inhumanas, monótonas, como cubículos en serie, edificios departamentales que resultan frías y extrañas para el individuo humano. De cierta forma, estas arquitecturas nos resultan ajenas, quiebran nuestra identidad y nos imbuyen la sensación de impropiedad.
El creepypasta originalEntre 2011 y 2018, una fotografía de una gran habitación alfombrada con luces fluorescentes y paredes divisorias circuló en varios foros de mensajes. Sería el 12 de mayo de 2019 cuando un usuario anónimo inició un hilo en el tablero de temática paranormal de 4chan, pidiendo a los usuarios que "publicaran imágenes inquietantes que simplemente se sintieran particularmente extrañas”. Llegó al hilo la que se considera la fotografía original de los backrooms, una fotografía con un plano holandés de una gran habitación alfombrada, con paredes amarillas e iluminación fluorescente. Desde su aparición en 4chan, el origen de la conocida fotografía fue un misterio pero, a mediados de 2024, se descubrió que la foto fue subida originalmente en un sitio web en el año 2003.
Meses después de su publicación original, otro usuario comentó esta imagen narrando una historia sobre cómo alguien había caído en estos "cuartos traseros", dando lugar al primer creepypasta de los backrooms. Esto es lo que decía la descripción: «seiscientos millones de millas cuadradas de habitaciones vacías segmentadas de manera aleatoria» a las que uno puede entrar cuando «no-clip (habilidad para transportarse por niveles de realidad) [atraviesa] fuera de la realidad en los lugares incorrectos». Como siempre, la ficción se fija en nuestra realidad particular, y de forma rápida se ha agenciado del fenómeno y lo ha explorado de diferentes formas. Un universo de historias, memes, videojuegos y videos sobre los backrooms ya es una realidad.
En la literatura
La literatura no ha dejado pasar nunca de lado el fenómeno de los espacios liminales y los ha explorado a su modo. Por ejemplo, Casa de Hojas (Mark Z. Danielewski, 2000), donde la casa de Ash Tree Lane sirve como un escenario imposible sobre el que meditar de la realidad, la condición humana y el lenguaje. O, Piranesi (Susanna Clarke, 2020), con su casa de pasillos imposibles compuesta por una innumerable sucesión de salas adornadas por estatuas de mármol. También Relojes de hueso (David Mitchell, 2014), cuya quinta parte transcurre al completo en un espacio liminal, o La casa del callejón (2015), cuyo protagonista es una casa estancada en el tiempo que cada nueve años, el último sábado de octubre, un «invitado» es convocado.
En el cine y la televisión
Sería en el año 2022 cuando el youtuber estadounidense Kane Parsons llevará el fenómeno de los backrooms a un nuevo nivel en su conocido canal Kane Pixels. Una serie de cortometrajes se hicieron virales y difundieron el concepto más allá de la comunidad de Reddit. Estos videos giran en torno a la ficticia Fundación Async, que intenta llegar a The Backrooms para resolver «todas las necesidades residenciales y de almacenamiento actuales y futuras». Es más, un episodio inspirado en estos backrooms —también titulado Backrooms— se incluyó en la tercera temporada (3x05) de American Horror Stories, donde un guionista desconsolado entra y sale de las backrooms enfrentándose al duelo de su hijo desaparecido.
Sin embargo, el éxito de Parsons ha sido tal que ahora mismo estamos a tan solo unos meses de ver la adaptación cinematográfica (cuyo tráiler emociona) de sus cortometrajes para A24. Por si no lo conocéis, el video original se presenta como una grabación de 1996 donde un joven camarógrafo ingresa accidentalmente al conocido lugar de las fotografías, huyendo de entidades paranormales y entrando a otros niveles similares entre sí, creando una sensación de bucle e incomodidad desde sus primeros segundos. Si pensamos en otros creepypastas relativos a las backrooms, no podemos pasar por alto los míticos pasillos tapizados del Hotel Overlook de El resplandor (Stanley Kubrick, 1980), el mundo onírico de Origen (Christopher Nolan, 2010), el laberinto de viviendas de Vivarium (Lorcan Finnegan, 2019), el bucle temporal de la reciente Exit 8 (Genki Kawamura, 2025), la pesadilla de Ari Aster en su Beau is Afraid (2023) y, por supuesto, la reciente y aclamada serie Severance (Dan Erickson, 2022), que bebe directamente de estos espacios laborales oficinisticos justamente para despersonalizar a todo trabajador de su identidad.
Entre estas películas y series donde el escenario es tan protagonista (y tan hostil) como el monstruo, tampoco debemos olvidarnos de Skinamarink (Kyle Edward Ball, 2022), la experimental película canadiense donde dos niños se despiertan en medio de la noche y descubren que su padre ha desaparecido, y que todas las ventanas y puertas de su casa ya no están. Será Cube (Vicenzo Natali, 1997) la que nos presente una pesadilla espacial cercana a esos espacios liminales, donde un grupo de desconocidos despierta en una estructura de habitaciones cúbicas idénticas llenas de trampas mortales. Lo mismo (pero diferente) ocurre en Caveat (Damian McCarthy, 2020), donde un hombre sin memoria acepta un trabajo para cuidar de una mujer en una casa repleta de habitaciones sin sentido arquitectónico en una isla remota. Por supuesto, la lista de lugares a (no) visitar se puede extender un buen rato: las habitaciones simétricas y alienantes de Beyond the Black Rainbow (Panos Cosmatos, 2010), las zonas de transición entre las casas de —mi querida— Coherence (James Ward Byrkit, 2013) o los espacios infinitos y orgánicos de En la hierba alta (Vicenzo Natali, 2019).
En los videojuegos
Un juego independiente con título homónimo fue lanzado por Pie on a Plate Productions dos meses después del creepypasta original. Un juego gratuito (y cortito) de Steam que sirve para comprender al momento la atmósfera que busca el concepto. Sin embargo, años después, varios proyectos interesantes como Enter the Backrooms , Noclipped y The Backrooms Project, o el cooperativo Escape the Backrooms, llevaron el fenómeno un paso más allá presentando elementos de supervivencia psicológica y situaciones de pura angustia vital. Pero si hay un videojuego que coge los elementos de los backrooms y los hace propios es The Stanley Parable.
Lo que nació como un mod de aventura conversacional para Half-Life 2, se convirtió al final en un juego por si mismo. En The Stanley Parable, narrado en primera persona, el jugador tiene la oportunidad de realizar numerosas decisiones sobre qué caminos tomar dentro de una oficina, incluyendo decisiones que contradicen las indicaciones del narrador (una voz en off constante) de la historia, con cada decisión produciendo diferentes narraciones y finales. Así nos sumergimos en un laberinto de oficinas corporativas vacías con una arquitectura que desafía a toda lógica explorando (en este caso desde el humor) el terror existencial y la sensación de estar atrapado en un sistema o un lugar sin sentido ni salida aparente.
Sin embargo, si queremos la experiencia total de los backrooms hecha videojuego debemos pararnos ante The Complex: Found Footage. El juego publicado en 2022 por pgWave es una inmersión directa en el mundo liminal de los backrooms a través de una cámara VHS, sumergiéndote en una historia misteriosa y vagando por estructuras oníricas, capturando perfectamente esa iluminación fluorescente amarillenta, el sonido de tus propios pasos y la arquitectura de oficinas que no llevan a ninguna parte. No debemos olvidarnos de Superliminal, el videojuego rompecabezas de Pillow Castle basada en perspectivas forzadas y en ilusiones ópticas que desafía nuestras formas convencionales de pensar para conseguir salir de lugares imposibles. Y si hablamos de espacios liminales imposibles y horror, la serie Anemoiápolis (2023) de Andrew Quist, nos adentrará en un barrio surrealista del que casi habrá que perder la cordura para conseguir escapar.
El auge de los backrooms (más allá de la película) y los espacios liminales trasciende la mera anécdota de internet para convertirse en un poderoso arquetipo del terror existencial contemporáneo. Estos laberintos de moqueta y luz fluorescente, nacidos de un creepypasta, son el reflejo de nuestra profunda incomodidad ante las arquitecturas deshumanizadas y los lugares de transición que nos obligan a un estado de espera perpetua. No son solo espacios a los que se "sale de la realidad", sino metáforas de un mundo que se siente vacío, un "no-lugar" que devora la identidad y nos enfrenta al miedo más primario: el de quedarnos atrapados en el "umbral", en una fase de transición infinita y aleatoria, sin la promesa de un destino o la posibilidad de un regreso. Es por ello que su eco resuena con tanta fuerza en la literatura, el cine y los videojuegos, demostrando que la verdadera pesadilla es la que acecha en la monotonía y el abandono de lo cotidiano, como muchas veces, en los bordes de nuestra propia vida.








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