Follow me to Ground, de Sue Rainsford

Follow me to Ground
Sue Rainsford
Scribner
Paperback / digital | 208 páginas | 12,50€ / 10,20€



¿Sabes ese libro que llevas teniendo en tu dispositivo de lectura digital durante varios años y nunca has leído? Ese es mi caso con Follow me to Ground, la novela de Sue Rainsford que llegó a mis odios (y vista) por la recomendación de Marina Vidal allá por el (terrible) año 2020. Sin embargo, mi privado club de lectura (de solo dos miembros) la sacó de la pila para catapultarla como la lectura más extraña del mes. Esta novela debut de la autora irlandesa es una inquietante historia engañosamente simple y totalmente impredecible. Contada desde el punto de vista de Ada, la protagonista, y algunos fragmentos de otros miembros del pueblo donde habita, Follow me to ground es una historia donde lo monstruoso y lo cotidiano se mezclan, donde dos seres inmortales son aceptados (y temidos) en un pequeño pueblo. Una novela con tintes de película de terror de A24 o del propio Cronenberg, así como ecos de los cuentos de Alyssa Wong o Bora Chung, ensamblados en una historia de horror corporal con tintes weird y de cuento de hadas oscuro.

Ada y los cures
En una casa, en el medio del bosque, Ada y su padre viven en un perpetua paz. Cuidan el jardín, la vida silvestre que posee y veneran la tierra como nadie lo hace. Es más, la propia Ada fue creada por su padre de la Tierra, un trozo de suelo único en los alrededores de la casa con propiedades tanto curativas como de nacimiento. En la actualidad, Ada y su padre pasan los días tratando los problemas de la gente humana local, a los cuales llaman cures. Estos les visitan, con cierto recelo y miedo, pero con la garantía de que sus dolencias van a mejorar. Tanto Ada como su padre llevan muchos, más de los que nadie puede contar, haciendo esto. Sin embargo, cuando Ada se encapricha en una relación con uno de los cure locales llamado Samson, se ve obligada a seguir entre su vida actual o intentar tener una nueva. Una decisión que cambiará la ciudad y la Tierra para siempre.

Cubierta de la edición de Penguin UK

Ambigüedad y extrañeza
Una de las particularidades de Follow me to ground es la forma en que está estructurada la historia. Sue Rainsford busca siempre desencajarnos, que nunca estemos seguros de donde estamos ¿Es nuestro mundo o es un mundo que podría haber existido? ¿Por qué aceptan la magia tan fácilmente aunque con recelo? ¿Qué es esa magia de la naturleza? No hay detalles, dado que la propia narración viene de alguien que no ha pertenecido nunca a lo que consideramos humanos en la novela, los cures. Existe constantemente, ya sea en la prosa o en lo que cuenta, una sensación de que la novela tiene algo más que es difícil de comprender, un subtexto que nunca terminamos de ver del todo. Es ambigua y repleta de extrañeza, es peculiar y contundente, pero en todo momento se resiste a una interpretación fácil. Una fábula sobre el anhelo femenino, un reflejo de una relación tóxica o quizá el retrato de la frontera entre lo humano y lo no humano. En todo caso, la novela termina (de forma algo abrupta) con esa nota ambigua que la caracteriza.

Lo monstruoso y lo cotidiano
La novela se ambienta (parece) en el presente, pero sin embargo, da la sensación de que transcurre en un tiempo y lugar que no podemos reconocer. En ella se refleja una extraña cotidianidad, la de una Ada y su padre trabajando en casa y recibiendo a sus pacientes, así como la del pueblo, con esos cure con sus preocupaciones muy humanas sobre sus cuerpos, sus familias y su vida laboral. Por el contrario, esa cotidianidad es invadida desde el primer momento por lo monstruoso y misterioso. El folclore se filtra en esa realidad cotidiana, donde los lugareños están aterrorizados no solo por ellos, si no por otros lugares como el lago Sister Eel, donde una tribu de serpientes carnívoras se consumieron entre sí. Pero más allá de ser enterrados para curarse o los miedos que asolan lo que sucede en esa casa, el mayor monstruo que tiene la novela es el del propio amor, entendido siempre como obsesión. El amor puede llegar a convertirse en un monstruo debido a su potencial violento, posesivo, transformador o devorador. Y Ada lo encarna a la perfección en su búsqueda de autorrealización.


El cuerpo en transformación
Si hay una novela que me haya recordado la lectura de Follow me to Ground es a La vegetariana de Han Kang y a Canina de Rachel Yoder. Ambas, al igual que la novela de Rainsford, entienden su forma de contar el transcurso de la historia como un proceso de transformación físico. En Follow me to Ground los cuerpos están por todos lados, ya sea supurando, curando, manchando o ensuciando. Hay mucho horror corporal en el libro, con momentos de pura fisicidad poética, como cuando la forma de curar consiste en introducir las propias manos de Ada (o su padre) en un cuerpo ajeno. Sin embargo, más allá del miedo, en toda la novela se percibe cierta ternura. Uno de los efectos más impactantes del libro reside en que, lejos de atacar a los otros no humanos, los lugareños se adaptan a su imposible presencia. La línea de pensamiento de Ada no dejaba de tener esos ecos de Yeong-hye en su proceso transformador, aunque con una mayor nitidez perceptiva de por qué realiza sus acciones. Al final, en lo más hondo de la novela, al igual que La vegetariana, el amor, el ser vista, sigue siendo una de las palancas más fuertes para mover al ser (o no) humano.

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