Blackwater III: La casa, de Michael McDowell

Blackwater III: La casa
Michael McDowell (trad. de Carles Andreu)
Blackie Books
Bolsillo | 280 páginas | 9,90€



«Cuando llegue el momento y tenga tiempo libre para meditar sobre las cosas que ha hecho, recuerde que le di una última oportunidad», dice uno de los personajes a mitad del libro. La casa, el tercer volumen de la exitosa saga Blackwater, es una especie de culminación y explosión de los acontecimientos anteriores. Las conexiones establecidas cobran toda la importancia necesaria, el factor espeluznante sube decibelios en la trama y la aparente calma de los volúmenes anteriores, presenta sus primeras grietas. La casa es un cambio de marcha en la saga Blackwater, un empujón que alinea las piezas del tablero de juego en una nueva categoría. Las tensiones familiares están más endiabladas que nunca, la intensidad de cada diálogo se puede sentir en cada palabra escrita y todo, pero todo, se pone patas arriba.

La batalla continúa
Perdido sigue como estaba, pese a que los primeros coletazos de la crisis económica del 1929 empiezan a llegar hasta la recóndita Alabama. La familia Caskey sigue en buena forma, ostentando el poder social y económico del pueblo. Mary-Love Caskey sigue siendo el monstruo controlador que era hasta el momento, y Elinor, la esposa de Oscar Caskey, sigue presentando sus pequeñas batallas contra la matriarca. El temido dique ya está terminado, y forma parte de la comunidad de Perdido, pese a que el río sigue fluyendo, casi incontenible, siempre impasible a la vera del pueblo. Sin embargo, La casa eleva las apuestas en esta batalla, vuelve la trama más turbia y deja claro, ya desde sus primeras páginas, que algo horrible va a ocurrir aquí. Y, por supuesto, que las principales rivales de la familia Caskey estarán más que involucradas, por mucho que el relevo generacional empiece a verse y asomar la cabeza por el espejo retrovisor del Packard familiar.
 
Ilustración de la edición de Suntup 

Turbia culminación
Si leías La riada y El dique esperando ese componente más cercano al terror prometido que parecía no llegar nunca, prepárate para La casa. Aquí McDowell equilibra los elementos telenovelescos y turbios para atrapar al lector. La guerra psicológica matriarcal alcanza nuevas cotas, aumentando el factor sobrenatural y espeluznante mientras vemos una especie de partido de tenis donde estas dos mujeres se pelean con jugadas y estrategias que parecen (casi constantemente) maestras y demoledoras. La aparente calma, como siempre, precede a la tormenta. Y la tormenta, ha llegado con La casa. La tensión es constante, siempre aguardando el momento idóneo para clavar sus colmillos. Y lo hace cuando llega un diálogo, una conversación que lo cambia todo para nosotros como lectores. El momento de culminación — el primero de ellos, espero— que llega con este mitad de saga y nos deja expectantes por el (nuevo) rumbo que la familia Caskey adquirirá a partir de ahora.

Choque de reinas
La casa es el libro donde la trama se complica y se oscurece más que nunca. El choque de las dos reinas, de las dos matriarcas que conviven dentro de la familia Caskey, ofrece al lector giros inesperados. Asistimos a un duelo de poder puro y duro, donde sus decisiones afectan una y otra vez el destino de su familia Caskey. McDowell aprovecha en La casa todo lo que ha construido con paciente calma hasta el momento, y tal como nos regalaba Juego de Tronos con Tyrion y Cersei Lannister, las estrategias enconadas y las conversaciones con dobles sentidos acaban teniendo resoluciones emocionantes. La casa es uno de esos momentos satisfactorios para el lector, una culminación que evoca el terror prometido. Todo, claro que sí, llevado a cabo con la maestría narrativa que McDowell lleva presentando en los dos volúmenes anteriores. Los monstruos, a veces (la mayoría), son iguales a nosotros. La casa es, sin duda, mi volumen favorito hasta la fecha. Pero claro, aún nos quedan otros tres volúmenes por delante para saber que será de nuestra querida familia Caskey. Nos vemos en La guerra.

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