T. J. Klune (Trad. de Ana María Pérez)
VR Europa
Probablemente a todos os suene el nombre de T. J. Klune, dado que su (maravilloso) La casa en el mar más azul conquistó a miles de lectores en el año 2020. Sin embargo, allá por 2016, Klune ya había publicado la primera entrega (de cuatro) de una saga de fantasía (urbana) queer con romance paranormal: La canción del lobo. Drama, romance y mucha acción, engalanadas con la figura de hombres lobo, construyen el inicio de una historia sobre la familia (encontrada) y hasta dónde somos capaces de llegar para proteger a quienes amamos. Completada por La canción del cuervo, La canción del corazón y La canción de los hermanos, esta primera entrega nos acerca al pueblo de Green Creek y establece los lazos (físicos y emocionales) de la familia Bennett a través de una prosa rítmica, obsesiva y profundamente sensorial que se aleja de los tropos habituales del género.
Bienvenidos a Green Creek
Ox creció convencido de su propia insignificancia por culpa de un padre ausente, que le dijo que no valía nada y que la gente nunca lo entendería. Luego, se marchó. A sus dieciséis años, la llegada de la enérgica familia Bennett le revela un secreto que cambiará su vida y, además, le otorga un lugar en el mundo. Atraído por su magia, lealtad y amistades duraderas, Ox siente un abismo entre este nuevo y extraordinario mundo y la tranquila vida que conocía, pero encuentra un aliado en Joe, el menor de los Bennett. Sin embargo, cuando la tragedia golpea a la familia, Joe Bennett abandona el pueblo cegado por la venganza, abriendo una herida de años entre ellos. Su reencuentro, años después, articulará el (verdadero) núcleo emocional de la novela.
La prosa como personaje
Una de las particularidades que uno siente al empezar a leer La canción del lobo es lo singular de su prosa. Klune elabora la primera persona de Ox con estructuras sintácticas angulosas que reflejan el mundo interior del protagonista, con diálogos internos repetitivos y cierta resonancia emocional que marcan la transición de Ox a lo largo del libro. Oraciones breves, repeticiones casi líricas y una cadencia casi obsesiva pasan de una especie de fragmentación infantil a un ritmo mucho más rotundo cuando crece dentro de la familia/manada. Klune hace que todo se sienta muy real, convirtiendo el texto en un cúmulo de sensaciones, en una especie de mapa emocional extraído directamente de los olores. El olfato como geografía emocional del texto.
La importancia de la familia
Dice el propio Klune en una entrevista que, en su concepción original, La canción del lobo no trataba sobre hombres lobo ni sobre una manada; se suponía que contaba la historia sobre dos chicos que crecían juntos, una historia que abarcaba los altibajos de la juventud hasta la edad adulta sin el menor rastro de lo sobrenatural. Podría decir que, en parte, La canción del lobo sí que va sobre eso, pero también sobre mucho más. La familia elegida se vuelve un elemento clave desde los primeros compases, pero es el amor el que rige el camino. La canción del lobo pone en el centro la vulnerabilidad afectiva masculina, la pérdida del duelo acumulado y la forma en que el dolor físico y emocional se entrelazan cada día de nuestras vidas. Genera lágrimas y risas, ira y frustración, porque el camino —el de la vida— es intenso, complicado y complejo, pero las personas que te rodean, como esa manada que genera Klune con la familia Bennett, son las que hacen que sea diferente.
Revirtiendo tropos
Si atendemos a la mayoría de ficciones sobre hombres lobo o manadas, la figura central (el Alfa) suele tener una dominancia física, habitualmente dominada por la agresividad. Sin embargo, durante la novela, Ox es el reverso absoluto de este tropo. Hasta la llegada de la familia Bennett, su existencia se basaba prácticamente en pasar desapercibido. Sin embargo, poco a poco, se va convirtiendo en el eje sobre el que orbita una serie de personas rotas e inestables, que encuentran en él el equilibrio que necesitan. La pertenencia no es solo un lazo biológico, sino una red de contención frente a la pérdida, el trauma familiar y el abandono paterno. Klune despoja a los hombres lobo de sus dinámicas más tóxicas para infundir a su manada un contenido afectivo y ético, articulándolas como una estructura de supervivencia ante una mutilación colectiva. El verdadero terror para estos personajes es la desconexión, la soledad y la ruptura del lazo. Su fuerza reside en la certeza de que nadie lucha solo cuando tiene una manada a la que regresar.
Los siguientes volúmenes de Green Creek
Conocer a dos fans (absolutas) de la saga como The Hating Girly y Librukie hace que uno sepa (y le apetezca seguir leyendo) hacia donde se dirigen los siguientes tres volúmenes de la saga. Lo curioso de la tetralogía de Green Creek es que cada entrega cambia el punto de vista protagonista, desplazando el foco hacia otros miembros de la manada mientras la trama principal —la amenaza que se cierne sobre el territorio y la supervivencia del grupo— continúa su curso de forma implacable. Sin embargo, ambas lectoras coinciden en que el pilar fundamental de la saga sigue siendo sus personajes, aunque en sus continuaciones el mundo y la magia comienzan a adquirir más peso y complejidad. Por mi parte, La canción del cuervo está entre mis próximas lecturas.
Bienvenidos a Green Creek
Ox creció convencido de su propia insignificancia por culpa de un padre ausente, que le dijo que no valía nada y que la gente nunca lo entendería. Luego, se marchó. A sus dieciséis años, la llegada de la enérgica familia Bennett le revela un secreto que cambiará su vida y, además, le otorga un lugar en el mundo. Atraído por su magia, lealtad y amistades duraderas, Ox siente un abismo entre este nuevo y extraordinario mundo y la tranquila vida que conocía, pero encuentra un aliado en Joe, el menor de los Bennett. Sin embargo, cuando la tragedia golpea a la familia, Joe Bennett abandona el pueblo cegado por la venganza, abriendo una herida de años entre ellos. Su reencuentro, años después, articulará el (verdadero) núcleo emocional de la novela.
Cubierta de Kay Fine para la edición de Dazzling Bookishshop
La prosa como personaje
Una de las particularidades que uno siente al empezar a leer La canción del lobo es lo singular de su prosa. Klune elabora la primera persona de Ox con estructuras sintácticas angulosas que reflejan el mundo interior del protagonista, con diálogos internos repetitivos y cierta resonancia emocional que marcan la transición de Ox a lo largo del libro. Oraciones breves, repeticiones casi líricas y una cadencia casi obsesiva pasan de una especie de fragmentación infantil a un ritmo mucho más rotundo cuando crece dentro de la familia/manada. Klune hace que todo se sienta muy real, convirtiendo el texto en un cúmulo de sensaciones, en una especie de mapa emocional extraído directamente de los olores. El olfato como geografía emocional del texto.
La importancia de la familia
Dice el propio Klune en una entrevista que, en su concepción original, La canción del lobo no trataba sobre hombres lobo ni sobre una manada; se suponía que contaba la historia sobre dos chicos que crecían juntos, una historia que abarcaba los altibajos de la juventud hasta la edad adulta sin el menor rastro de lo sobrenatural. Podría decir que, en parte, La canción del lobo sí que va sobre eso, pero también sobre mucho más. La familia elegida se vuelve un elemento clave desde los primeros compases, pero es el amor el que rige el camino. La canción del lobo pone en el centro la vulnerabilidad afectiva masculina, la pérdida del duelo acumulado y la forma en que el dolor físico y emocional se entrelazan cada día de nuestras vidas. Genera lágrimas y risas, ira y frustración, porque el camino —el de la vida— es intenso, complicado y complejo, pero las personas que te rodean, como esa manada que genera Klune con la familia Bennett, son las que hacen que sea diferente.
Cubierta de la edición inglesa
Revirtiendo tropos
Si atendemos a la mayoría de ficciones sobre hombres lobo o manadas, la figura central (el Alfa) suele tener una dominancia física, habitualmente dominada por la agresividad. Sin embargo, durante la novela, Ox es el reverso absoluto de este tropo. Hasta la llegada de la familia Bennett, su existencia se basaba prácticamente en pasar desapercibido. Sin embargo, poco a poco, se va convirtiendo en el eje sobre el que orbita una serie de personas rotas e inestables, que encuentran en él el equilibrio que necesitan. La pertenencia no es solo un lazo biológico, sino una red de contención frente a la pérdida, el trauma familiar y el abandono paterno. Klune despoja a los hombres lobo de sus dinámicas más tóxicas para infundir a su manada un contenido afectivo y ético, articulándolas como una estructura de supervivencia ante una mutilación colectiva. El verdadero terror para estos personajes es la desconexión, la soledad y la ruptura del lazo. Su fuerza reside en la certeza de que nadie lucha solo cuando tiene una manada a la que regresar.
Los siguientes volúmenes de Green Creek
Conocer a dos fans (absolutas) de la saga como The Hating Girly y Librukie hace que uno sepa (y le apetezca seguir leyendo) hacia donde se dirigen los siguientes tres volúmenes de la saga. Lo curioso de la tetralogía de Green Creek es que cada entrega cambia el punto de vista protagonista, desplazando el foco hacia otros miembros de la manada mientras la trama principal —la amenaza que se cierne sobre el territorio y la supervivencia del grupo— continúa su curso de forma implacable. Sin embargo, ambas lectoras coinciden en que el pilar fundamental de la saga sigue siendo sus personajes, aunque en sus continuaciones el mundo y la magia comienzan a adquirir más peso y complejidad. Por mi parte, La canción del cuervo está entre mis próximas lecturas.



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