A Short Stay in Hell, de Steven L. Peck

A Short Stay in Hell
Steven L. Peck
Strange Violin Editions
Paperback / digital | 108 páginas | 12€ / 6,80€



¿Cuántos de nosotros no hemos soñado con vivir en una biblioteca inmensa en la que perdernos y tener una eternidad para leer todos los libros que esperan en nuestra pila? Obsesionado con la idea matemática de una biblioteca finita (pero inmensamente vasta) basada en el relato La biblioteca de Babel —un experimento mental que plantea un espacio con todos los libros posibles, creados a partir de todas las combinaciones posibles de un número limitado de símbolos ortográficos— de Jorge Luis Borges, el autor (y profesor) americano Steven L. Peck decidió en A Short Stay in Hell (editada en español por Ediciones Lubre) explorar el concepto de la eternidad mezclado con el trasfondo de la apuesta de Pascal y la idea de que vivir para siempre rodeado de libros, entendidos como objetos de ocio y disfrute para la persona, sea lo más espeluznante posible. Por qué a día de hoy, el peor infierno imaginable ya no es el fuego amenazante, sino el aislamiento y la desconexión total con el mundo.

Soren en busca de su libro
Cuando Soren Johannson muere, descubre que su fe mormona era errónea: el zoroastrismo —una de las religiones monoteístas más antiguas del mundo centrada en la adoración del dios creador Ahura Mazda basada en la dualidad del bien y el mal— era la única fe verdadera, y cualquiera que no la profese, va directo al infierno. Sin embargo, el infierno que se encuentra (y al que han destinado) Soren resulta ser la Biblioteca de Babel, inspirada por los demonios del infierno en el cuento de Borges, donde existen todos los libros posibles. ¿Y cómo encuentras la salvación? ¿Existe una redención en este vasto infierno? Xandern (el demonio) les informa de que deben encontrar (sin mapa ni ubicación) el libro correcto de la historia de su vida entre los infinitos pisos de pilas de libros (donde el 99,9% de los libros son combinaciones de letras sin sentido,) para poder salir y ser enviados al cielo. 

En este lugar existen todos los libros con todas las combinaciones posibles de caracteres, como era la idea original de Borges. Cada libro tiene exactamente 410 páginas, 80 líneas por página y 40 caracteres por línea, justo con las características (salvo las páginas) del libro que sostienes en tus manos. El número de volúmenes es tan inmenso que supera la cantidad de electrones que hay en el universo. La misión de Soren es encontrar el único libro que narra a la perfección su vida, tras lo cual, podrá marcharse. Sin embargo, nada es tan fácil como se dice, y Soren pasará una cantidad incalculable de tiempo en el infierno buscando, presenciando en el camino el surgimiento de sectas, desastres, otros condenados, enamorándose y, sobre todo, viviendo en sus carnes el peso de la eternidad.

La biblioteca de Babel, de Erik Desmazier

Un inferno domesticado
Soren comienza su viaje en el Infierno con seis reglas escritas en un letrero. Le dicen que hay un número finito de pisos (pero nadie sabe cuántos) y un número finito de libros ubicados en un número finito de estanterías. Pero, de nuevo, nadie sabe si se puede encontrar el piso superior o el inferior, ni siquiera si hay un final. Una vez que encuentre el libro que describe la historia de su vida terrenal, debe depositarlo en la ranura debajo del letrero. Si es aceptado, disfrutará del cielo para siempre. Al amanecer, todo se reinicia: los libros que no se tocan vuelven a su lugar en las estanterías. Si mueres o te matan en la biblioteca, revivirás. 

Cada trescientos metros aproximadamente hay una habitación con camas y baño, y un quiosco que sirve cualquier comida o bebida que pidas. Un gran abismo divide dos conjuntos de estanterías y uno puede saltar desde la barandilla, pero la caída puede ser infinita (o no) Además, el arquitecto demoníaco le concede a Soren unos generosos 9 quintillones de años para encontrarlo. De esta forma, el infierno de Peck se convierte en una tortura eterna, sin criaturas ni daño físico ni diversidad (todo son estadounidenses blancos desde 1939 a 2043), simplemente en días que se repiten con una tarea casi imposible. Un crisol de desesperanza donde puedes comenzar de nuevo cada día, pero el resultado parece siempre el mismo.

La monotonía interminable
El verdadero terror existencial de A Short Stay in Hell reside en su abrumadora realidad matemática de la eternidad y la creciente conciencia de Soren sobre la futilidad de sus actos en torno a su tarea. No es infinito, pero en la práctica actúa como si lo fuera, como una eternidad inacabable y prácticamente imposible. Lo matemático como un mecanismo paralizante, la probabilidad matando las esperanzas cada día. Es una tortura continua buscando el sentido de nuestra existencia, y es solo el acto desesperado de autodescubrimiento lo que impulsa a Soren a seguir adelante, incluso cuando las probabilidades de encontrar su libro son prácticamente nulas. Sin embargo, el libro justamente cuestiona de forma contundente lo que significa existir eternamente sin ese propósito, la aplastante constatación de cómo la búsqueda es estadísticamente imposible arrebata poco a poco toda esperanza. Si la biblioteca fuera simplemente infinita, podrías rendirte, pero saber que tu éxito está garantizado mientras continúes; eso es lo que te destruye de verdad.

Cubierta de The Infinite Library, de Kane X Faucher

Redefiniendo el Infierno y el tiempo
Si la inmensidad del tiempo profundo transforma nuestra concepción de la escala moral y convierte todo lo que ocurre en ella en una irrelevancia sin sentido, ¿qué efecto tiene el concepto de eternidad sobre cualquier experiencia finita? Exactamente el mismo, solo que mucho más intenso. Tú, tus ideas, acciones y experiencias, todo carece de sentido ante semejante realidad, como afirmaría el absurdismo de Camus. Todo pierde su frescura con el paso del tiempo, la conexión humana se vuelve repetitiva y aborrecible, y la frustración es el primer sentimiento que asoma en el horizonte. En sus poco más de cien páginas, contadas de forma directa y clara rociadas con un humor sutil, Peck describe con elegancia cómo es la naturaleza humana, con su política, sus luchas de poder y su búsqueda de sentido diario. La formación (y necesidad) de comunidades como acto definitorio —y su colapso— quedan simplemente como algo irrelevante frente a la idea del sufrimiento psicológico de este infierno, donde debes volver un día tras otro, hagas lo que hagas, parar continuar en esa búsqueda interminable. Ahí radica la verdadera angustia existencial del relato de Peck: no hay forma de abandonar y el tiempo mismo ha perdido el sentido.

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