No la dejes sola, de Desirée de Fez

No la dejes sola
Desirée de Fez
Blackie Books
Tapa dura/ digital | 224 páginas | 22€ / 11,39€



Años y (más que sean) años llevamos leyendo a Desirée de Fez hablar (y escribir) sobre cine de género fantástico. Nuestra Reina del grito particular, que nos contó en 2020 sus miedos a través de un memoir particular de películas y recuerdos, debuta en el mundo de la ficción con No la dejes sola, una novela de terror cotidiano y visceral que explora la asfixia de los vínculos familiares, el miedo intenso a la soledad y la culpa, mezclando costumbrismo con (ligeros) toques de body horror. Un viaje donde lo doméstico se convierte en pesadilla. Una catarsis personal sobre la maternidad y acto de ser hija, sobre la familia y sus heridas ocultas que salen (o explotan) a la luz. Un libro en la estela de Canina de Rachel Yoder, el terror íntimo y suspense cotidiano de Samantha Schweblin y la imaginativa ruptura de la realidad de Bora Chung.

Una historia de afectos
Nuestra protagonista es Alba, una mujer con una vida normal (esposo y tres hijos) que vive aterrorizada por quedarse sola. O al menos, así es como lo detecta su hermana Diana, con la que comparte un amor infinito. Acosada por ese miedo, tiene incluso los ojos en carne viva. En su interior, sabe que algo está a punto de estallar. Sus obsesión y dependencia, tanto de su madre como de su hermana, estallan cuando se queda encerrada sola en un centro comercial en Nochebuena, cuando todo el mundo ya se ha ido. Fuera, su madre y su hermana la buscan en vano. Dentro, todo lo que Alba ha intentado enterrar durante tantos años de lucha, imparable, por salir a la superficie. Después de esto ya nada será igual.

Miedo, culpa y heridas familiares
No la dejes sola es un intenso retrato del miedo, la culpa y las heridas familiares más profundas. Mezclada con un poco de humor y body horror, todo el relato se siente supurar una angustia ocultada por los silencios familiares. Toda la novela habla constantemente de afectos, de los vínculos familiares (más) asfixiantes y de la protección (unilateral) como hoja de doble filo. Son, justamente, la incomunicación —pese al amor incondicional— y la desconexión emocional entre ellas las que han generado una situación de miedo y culpa que las carcomen por dentro. De esta forma, Desirée habla de cómo los reproches velados entre las tres, las contestaciones pasivo-agresivas y las exigencias van generando un monstruo (visible o invisible, esa no es la cuestión), una pesadilla surrealista marcada por el monstruo (la incondicionalidad controladora) que habita dentro de las tres mujeres.

Cubierta de la edición en inglés (octubre, 2026)

Díptico emocional
Dentro de No la dejes sola podríamos decir que habitan dos novelas, aunque el paso de una a otra se siente, de cierta forma (o puede que por ser consumidor de cine de terror) orgánica. La primera nos lleva a un terror psicológico familiar expresado en lo cotidiano, en lo rutinario, en la vida real. El trabajo, la familia, el entorno urbano. Todo el mix genera una angustia que explota en la segunda parte, cuando el fantástico irrumpe en la página y sirve como herramienta para hablar sobre los vínculos familiares como refugio, pero también como generadores de tormento personal. La metáfora del fantástico gana fuerza para redondear lo expresado en la primera parte, siempre sin perder el foco en cómo estos vínculos y dependencias, aunque salgan desde el afecto, puede ser nocivas y anular(nos) por completo.

Body horror en un ambiente costumbrista
Decía la propia Desirée de Fez que la novela podría ser una especie de conversación entre su madre y su amado Cronenberg. Una vez leído, entiendo a lo que se refería. No la dejes sola cuenta la historia de tres personajes femeninos que se mueven por realidades diferentes, pero que conviven (como mucha gente) en un estado perpetuo de ansiedad e incomodidad vital. Todo vive dentro de ellas, pero nunca se llega a externalizar. Todo está latente. Y, ese centro comercial, ese encierro, es donde bajan la guardia. La realidad explota, por qué están solas. Como si fuera un espacio liminal fuera de su realidad, un lugar que saca a relucir sus mayores temores. Y ahí aparece el elemento puramente cronenberiano, el explorar el inconsciente desde un lugar del fantástico, la transformación física como reflejo de las obsesiones mentales. Tentáculos (reales o no, sigue sin ser la cuestión) emocionales que se tocan, enredan, aprietan, pero nunca saben soltarse. Vínculos dañinos se mire por donde se mire, pero que son necesarios (para ellas), por qué el miedo a perderse y quedarse solas prevalece.

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